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  • Hanibal Rodriguez

El Valor de la Vida Humana

Updated: Sep 18, 2019

“Todos somos importantes, todos tenemos valor, y todos tenemos derechos”. Estas podrían ser las palabras del hombre moderno. Las preguntas que yo le haría a ese hombre serian, ¿de dónde salió eso? ¿Qué fundamento secular existe para justificar esa posición? ¿Qué argumentos existen desde un punto de vista secular para argumentar la veracidad de ese argumento? En realidad, si nos detenemos a reflexionar en la posición secular frente a este tema – el valor del ser humano, nos damos cuenta de que la posición secular no tiene ningún fundamento para justificar su argumento. Si la posición secular es que el ser humano es un producto de la evolución (posición darwinista), entonces en realidad el ser humano es simplemente materia. No hay mayor diferencia entre una cosa y una persona. Y si el ser humano es simplemente una versión mejorada de la materia, entonces, no hay forma de justificar valores morales, dignidad, ni tampoco principios de justicia.

La posición bíblica es completamente diferente. La Escritura provee un argumento sólido que permite y justifica el por qué podemos decir que el ser humano si tiene valor y dignidad. Este argumento radica en la doctrina que nos enseña que el hombre ha sido creado a la Imagen de Dios. La Biblia ampliamente muestra que el valor y dignidad del ser humano está fundamentado en el entendimiento de que todo ser humano ha sido creado a la Imagen de Dios – Imago Dei.


La Imagen en el Principio

Empezando en el libro de Génesis, encontramos que cuando el Señor crea al hombre, lo crea conforme a Su “imagen y semejanza” (Gen.1:26-27). La palabra imagen (ṣě·lěm) se puede traducir como parecido o reflejo. Lo que quiere decir que el ser humano es parecido pero diferente a Dios, y a la misma vez, el mirar al ser humano es como mirar un reflejo de Dios. Desde este punto de vista, porque el ser humano es parecido a Dios y por naturaleza lo refleja, entonces podríamos decir que todo ser humano apunta a algo más grande y más hermoso que si mismo. Todo ser humano apunta a Dios, y si todo ser humano apunta Dios, entonces, podemos deducir que la humanidad representa a Dios.


La palabra “semejanza” (demûṯ) puede utilizarse como un sinónimo de “imagen”. La diferencia radica en que “semejanza” hace énfasis en las similitudes y no en las diferencias. Lo que quiere decir que, si el ser humano ha sido creado a la “semejanza” de Dios, él posee características similares a las de Dios, que Dios mismo en Su gracia le ha querido impartir. Es aquí donde algunos eruditos hacen una diferencia entre los atributos comunicables e incomunicables de Dios. Comunicables aquellos que Dios comparte con el ser humano, he incomunicables aquellos que pertenecen exclusivamente a Dios.

Es precisamente porque el ser humano ha sido creado a la “imagen y semejanza” de Dios que el Creador mismo después de contemplar la hermosura de Su creación, y en específico los seres humanos, expresa que todo “era bueno en gran manera” (Gen.1:31).

Es porque hemos sido creados a la imagen de Dios que el ser humano tiene valor y dignidad. Es porque hemos sido creados a la imagen de Dios que el Señor se relaciona con el ser humano de forma diferente al resto de la creación (Gen.1:28). Es por esto mismo, que el ser humano desempeña un rol único en los planes del Señor en este mundo (Gen.1:29-30). Y, es por ese valor que la vida del ser humano ha de ser protegida y defendida (Gen.9:5-6).


La Imagen Dañada

La pregunta que algunos se hacen al meditar en este tema es, ¿qué pasa en La Caída? ¿Pierde el hombre su valor y dignidad cuando el pecado entra al mundo? ¡De ninguna manera! Es importante notar que Dios sigue refiriéndose al ser humano como “imagen y semejanza” suya aun después de La Caída (Gen.5:1-2; 9:6). El pecado provoca una distorsión en la imagen de Dios. El pecado deforma la imagen de Dios. El pecado daña lo puro y perfecto del ser humano.

Sin embrago, ni aun al considerar la magnitud, lo devastador y destructor del pecado mismo, nadie puede decir que la imagen de Dios fue completamente erradicada del ser humano. Los seres humanos aún después de La Caída retienen cierto nivel de valor y dignidad.


El teólogo Anthony A. Hoekema lo pone de esta forma,

Después de que el hombre cayó en pecado, la imagen de Dios no fue aniquilada sino pervertida. La imagen en su sentido estructural todavía estaba allí: los dones, las dotaciones y las capacidades del hombre no fueron destruidos por la caída, pero el hombre ahora comienza a usar estos dones de manera contraria a la voluntad de Dios. En otras palabras, lo que cambió no fue la estructura del hombre sino la forma en que funcionaba, la dirección en la que iba…Debido a la caída, por lo tanto, la imagen de Dios en el hombre, aunque no destruida, ha sido seriamente corrompida. Se recordará que Calvino describió esta imagen como deformada, viciada, mutilada, lisiada, plagada de enfermedades y desfigurada.[1]


Lo que el pecado ha hecho al distorsionar y deformar la imagen de Dios en el ser humano, es que nos ha llevado a vivir para mucho menos de lo que hemos sido creados (Gen.3:14-19). Nos ha llevado a no valorar la imagen de Dios en otros (Gen.4:8). Nos ha impulsado a vivir esclavos de nuestros deseos e ignorar Dios (Gen.6:5). Y, ha creado en nuestra mente y corazón la falsa idea de que podemos ser nuestro propio dios (Gen.11:4). El pecado entra al mundo y nos ha llevado a tratar de reinventar nuestra imagen, buscando valor y dignidad en cosas o ideas que no lo pueden dar.




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